DEPRESIÓN: el abismo adolescente

Es una de las enfermedades que más preocupan a los responsables de la Organización Mundial de la Salud. Hoy es la tercera causa de enfermedad y discapacidad entre los adolescentes, pero se calcula que en 2030 se convertirá en la primera.

El trastorno depresivo empieza a aumentar en frecuencia a partir de la adolescencia, porque es un periodo que conlleva sufrimiento. “Se están buscando a si mismos y eso genera conflictos que no saben cómo manejar, porque todo lo que les ha funcionado hasta ahora ya no les funciona. Además, a nivel cerebral hay una disarmonia en el desarrollo. Hay áreas de su cerebro mucho más avanzadas y otras que todavía están inmaduras e infantiles”, explica la doctora Arancha Ortiz.

Por si esto fuera poco, diagnosticar una depresión en un adolescente no es sencillo, por la disparidad de síntomas: desde tristeza a irritabilidad, aislamiento, cambio de gustos, insomnio y dolor de cabeza, de estómago, problemas digestivos….

Hay palabras que duelen, que consuelan, palabras vacías, balsámicas, mortíferas… y silencios aterradores. ¡Qué importantes son las palabras! Las palabras nos hacen y nos deshacen. Nos hacen felices cuando recibimos la aprobación de los demás y nos deshacen cuando nos humillan o insultan. Ayudan a nombrar la pena y también el amor. Nos acercan a un amigo o nos alejan de él. No se ven, pero se sienten, pesan en el ánimo. Somos seres de palabra. Sin ellas no podríamos nombrarnos, no sabríamos quienes somos ni cómo comunicar-nos con los demás.

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